En una fábrica donde el ruido suele marcar el ritmo —máquinas, alarmas, órdenes urgentes—, hay historias que se construyen de otra manera: con gestos, miradas y nuevas formas de comunicarse. Así ocurre en la planta de transformadores y metalmecánica de Hitachi Energy en Dosquebradas, Risaralda, donde la inclusión laboral dejó de ser un concepto para convertirse en una experiencia cotidiana.
En medio de una operación estratégica para la transición energética del país, la compañía ha abierto oportunidades reales para personas con discapacidad auditiva, en un contexto nacional donde el acceso al empleo sigue siendo una barrera. Según el DANE, solo el 20,6 % de las personas en edad laboral con alguna discapacidad tiene trabajo, frente al 60,3 % de quienes no presentan esta condición.
Esta apuesta por la inclusión cobra aún más relevancia tras el anuncio de una inversión de USD 80 millones para fortalecer la capacidad industrial de la planta. “Nuestra presencia en los territorios debe generar impacto social. Eso implica abrir oportunidades reales para que todas las personas puedan desarrollar su potencial, tanto en áreas administrativas como operativas”, señaló Daniel Bahcivanji, gerente general de la fábrica en Dosquebradas.
Un entorno que aprende a comunicarse distinto
En la planta, lo que antes solo se escuchaba ahora también se ve. Alarmas visuales, señalización luminosa y procesos de comunicación adaptados han redefinido la dinámica laboral. A esto se suma la capacitación de equipos en Lengua de Señas Colombiana y el acompañamiento de intérpretes durante los procesos de formación.
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Para Christian Jiménez, pintor en entrenamiento, el cambio ha sido profundo. “Muchas veces no saben cómo interactuar con una persona sorda y eso genera exclusión. Aquí han querido aprender, entender nuestra cultura. Eso hace toda la diferencia”, afirma. Hoy, además de un empleo, Christian proyecta su futuro dentro de la empresa.
Las adaptaciones no surgieron de manera improvisada. La compañía realizó un diagnóstico conjunto con la caja de compensación Comfamiliar para identificar necesidades y ajustar el entorno laboral. Entre las acciones implementadas se destacan alarmas visuales de emergencia, ajustes en la señalética, programas de sensibilización y formación continua para derribar estereotipos.
“La inclusión se vive en el día a día. Los equipos han acogido muy bien a sus nuevos compañeros y eso refleja una cultura basada en el respeto y la empatía”, explicó Patricia Polo, Human Resources Business Partner de la compañía.
Más allá de las adecuaciones físicas, el mayor aprendizaje ha sido fortalecer la escucha, la adaptación y el trabajo colaborativo. De cara a 2026, la empresa proyecta vincular a más personas con discapacidad auditiva, consolidando un modelo donde la diversidad no es un discurso, sino una práctica que transforma la forma de trabajar.
En esta fábrica, donde el ruido fue durante años sinónimo de productividad, hoy también se construye en silencio. Y en ese silencio, se están redefiniendo el trabajo, la inclusión y el futuro.
