Cuando Albeiro Durán Quintero dejó las armas, tenía claro que su futuro debía construirse lejos del conflicto y cerca de la tierra. Sin formación empresarial, pero con determinación, decidió apostarle a un emprendimiento rural que hoy es símbolo de reconciliación, sostenibilidad y economía solidaria en el Catatumbo.
Así nació Honey Peace, un proyecto apícola colectivo que no solo produce miel, sino que también promueve el cuidado del medioambiente y el fortalecimiento del tejido social. Actualmente, la iniciativa involucra a 20 núcleos familiares asentados en los predios La Alquitrana y El Palmar, ubicados en el municipio de Los Patios, Norte de Santander.
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Estas tierras —234 hectáreas— fueron entregadas en 2025 por la Agencia Nacional de Tierras, en el marco del programa Fincas para la Paz, como parte de la estrategia del Plan Catatumbo impulsada por el Gobierno nacional para atender la crisis humanitaria en la región.
“Nos dimos cuenta de que no era dividiendo sino uniendo a la gente como se construye futuro”, explica Albeiro, quien hoy lidera la Cooperativa Multiactiva de Desarrollo Rural y Turístico para la Paz (Comderpaz) y participa en distintos espacios de reincorporación.
Uno de los sellos distintivos de Honey Peace es su empaque: la miel se envasa artesanalmente en guadua, una decisión que refuerza su compromiso ambiental y que surgió tras conocer experiencias internacionales. El nombre de la marca también responde a una visión global: paz entre comunidades y paz con la naturaleza.
Actualmente, más de 250 apicultores de zonas aledañas hacen parte del proceso productivo. La miel se comercializa en Cúcuta, Bogotá y Medellín, y el proyecto ya ha participado en ferias nacionales como AgroExpo y Colombia a la Mesa.
Además de la apicultura, las familias impulsan otros proyectos productivos como avicultura, piscicultura y cultivos de cacao, café y aguacate, lo que ha permitido avanzar hacia una estabilidad económica real.
Honey Peace es hoy una muestra de que la reincorporación productiva sí es posible cuando hay tierra, acompañamiento y trabajo colectivo. En el Catatumbo, el zumbido de las abejas comienza a reemplazar el eco del conflicto.
