Durante el tratamiento contra el cáncer, el cuerpo atraviesa cambios que pueden afectar el apetito, el peso y la forma en que se toleran los alimentos. Náuseas, alteraciones en el gusto, molestias digestivas o dificultad para tragar son efectos comunes que hacen más complejo cubrir las necesidades nutricionales diarias.
Sin embargo, una alimentación adecuada puede convertirse en un apoyo clave para mantener la energía, preservar la masa muscular y mejorar la calidad de vida durante el proceso.
Mantener el peso, un objetivo clave
Los cambios de peso son frecuentes durante el tratamiento. La pérdida involuntaria puede debilitar el organismo, mientras que el aumento excesivo puede favorecer otras enfermedades. Por ello, los especialistas recomiendan priorizar la estabilidad del peso, incluso si este no se encuentra dentro de rangos considerados “ideales”.
Cuando el apetito cambia
Si el apetito disminuye, se aconseja optar por comidas pequeñas pero nutritivas, ricas en calorías y proteínas, como yogur, frutos secos, aguacate o mantequilla de maní. Comer en los momentos del día en los que hay más hambre y tener refrigerios a la mano también puede marcar la diferencia.
En casos de mayor consumo asociado al estrés, es preferible elegir frutas, verduras o snacks naturales y buscar alternativas para manejar la ansiedad, como caminar o conversar con alguien cercano.
Cómo enfrentar las náuseas
Las náuseas pueden aliviarse con alimentos suaves como arroz, tostadas, sopas claras o galletas saladas. Realizar varias comidas pequeñas al día, evitar el estómago vacío y mantenerse bien hidratado ayuda a reducir el malestar.
Le puede interesar: América Latina enfrenta brechas en el acceso real a la salud
Cambios en el gusto y el olfato
Durante el tratamiento, algunos alimentos pueden saber metálicos, insípidos o demasiado intensos. Probar nuevas opciones, usar especias suaves, marinar los alimentos o cambiar los utensilios por otros de plástico o bambú puede mejorar la experiencia. Consumir comidas frías o a temperatura ambiente también ayuda cuando los olores resultan molestos.
Dolor al tragar y molestias digestivas
En casos de dolor de garganta o boca, se recomienda elegir alimentos blandos como purés, cereales cocidos o batidos. Para la diarrea, lo ideal son comidas suaves y abundante hidratación; para el estreñimiento, aumentar el consumo de líquidos, fibra y mantener actividad física ligera.
El acompañamiento del equipo médico y nutricional es fundamental para adaptar la alimentación a cada etapa del tratamiento. Como explica Grace Fjeldberg, dietista-nutricionista del sistema de salud de Mayo Clinic, una estrategia nutricional personalizada puede ayudar a afrontar mejor los efectos secundarios y fortalecer el bienestar general del paciente.
