Bocachica exaltó a los pescadores artesanales con olla comunitaria

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El corregimiento de Bocachica se convirtió este viernes en el escenario de una gran olla comunitaria, una iniciativa que puso en el centro a los pescadores artesanales, sus saberes ancestrales y su aporte fundamental a la identidad y la economía del territorio.

Bajo el sol del Colegio Asisclo de Ávila Torres, la jornada dejó un mensaje claro: la apuesta por consolidar a Cartagena como una verdadera Ciudad de Pescadores no es solo un anhelo cultural, sino una necesidad económica urgente. En Colombia, la pesca artesanal aporta una parte significativa de la producción pesquera nacional, convirtiendo a estas comunidades en actores clave de la seguridad alimentaria del país.

El evento se consolidó como el hito central de la campaña Santo Pescao, desarrollada durante la temporada de cuaresma.

Un sancocho para defender la pesca local

La jornada giró alrededor de un sancocho monumental, preparado con productos de la pesca artesanal local, que reunió a productores, cocineros y consumidores en un esfuerzo por revertir la creciente dependencia del consumo de pescado importado en la ciudad.

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En este contexto, la Fundación Eduardoño reafirmó que el objetivo del encuentro es motivar a ciudadanos, restaurantes y empresarios a preferir la pesca local por su frescura, calidad y sabor, proveniente de los mares, ciénagas y ríos del territorio.

La presencia de figuras de la alta cocina, encabezadas por el chef Juan del Mar, quien participó activamente como cocinero y comensal, fortaleció el diálogo entre la gastronomía de alto nivel y la pesca artesanal responsable de la zona insular.

Turismo, identidad y justicia social

Alrededor de las ollas quedó en evidencia que Cartagena solo podrá consolidarse como potencia turística si primero reconoce y fortalece el valor social y económico de quienes salen cada madrugada a pescar.

“Hoy Bocachica nos recuerda que Cartagena no es solo una postal de murallas; es, ante todo, una comunidad que vive por y para su mar. En este 30º aniversario de la Fundación Eduardoño, nuestra meta es que el conocimiento ancestral de los pescadores no se pierda, sino que se sistematice para que el pescador artesanal sea reconocido como un socio estratégico que provee gran parte de la proteína marina que consumimos”, afirmó Eduardo Díaz Uribe, vocero de la Fundación Eduardoño.

La integración comunitaria fue clave para validar que el turismo de origen es una ruta viable hacia la prosperidad. Líderes locales destacaron que ver a chefs reconocidos y tomadores de decisión compartiendo el sancocho en el mismo colegio donde estudian sus hijos dignifica un oficio que durante décadas ha sido invisibilizado frente a las grandes cadenas de importación.

Un modelo que conecta territorio y consumo

“Hemos venido trabajando con las organizaciones del territorio con la convicción de que una sociedad más justa y humana se construye desde el bien común, la vida digna y un ambiente sano. Santo Pescao ha sido el espacio que une a los pescadores artesanales directamente con los restaurantes”, señaló Beatriz Salas, directora ejecutiva de la Corporación Desarrollo y Paz del Canal del Dique Ciudad Costera.

Al finalizar la tarde, con el regreso de las embarcaciones hacia Manga, el evento dejó un mensaje contundente: la grandeza de Cartagena reside en su gente de mar. La campaña Santo Pescao continúa su recorrido, pero el encuentro en Bocachica marcó el momento en el que la Ciudad de Pescadores dejó de ser un eslogan para convertirse en una realidad viva, cercana y profundamente humana.

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