El acceso a la educación superior en Colombia sigue siendo uno de los mayores desafíos para el desarrollo social del país. De acuerdo con la OCDE, solo el 16 % de los estudiantes universitarios logra graduarse en el tiempo previsto y uno de cada cinco abandona la carrera durante el primer año.
Esta realidad refleja una brecha que se origina mucho antes de la vida universitaria. Aunque en los últimos años ha aumentado el acceso a la educación superior pública, miles de jóvenes egresados de colegios oficiales enfrentan un obstáculo clave: la calidad de la formación recibida en la educación básica y media.
Para estos estudiantes, el puntaje en las pruebas Saber 11 es determinante para acceder a un cupo en universidades públicas. Sin embargo, alcanzar los resultados requeridos suele demandar refuerzos pedagógicos que el sistema educativo estándar no siempre logra ofrecer.
Infraestructura deficiente y rezago tecnológico
A la brecha académica se suma un entorno adverso. Falta de espacios adecuados, infraestructura deteriorada y limitaciones tecnológicas siguen afectando a numerosas instituciones educativas del país. Un informe de la Contraloría General de la República advierte que una parte significativa de la infraestructura educativa no cumple con las condiciones mínimas para garantizar procesos de aprendizaje de calidad, situación que impacta con mayor fuerza a estudiantes de contextos vulnerables.
Un problema que advierten los organismos internacionales
Organismos multilaterales como el Banco Mundial, la OCDE y el BID coinciden en que, sin acompañamiento pedagógico permanente y mejoras estructurales sostenidas, la brecha educativa continuará reproduciéndose y limitando la movilidad social en Colombia.
El rol del sector privado en la educación pública
En este escenario, la participación del sector empresarial se ha convertido en un factor clave. Un ejemplo es el programa Haciendo Escuela, liderado por Falabella, que cumple 20 años en Colombia con un modelo de apadrinamiento vitalicio en 26 instituciones educativas públicas.
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Solo en 2025, esta iniciativa destinó más de 385 millones de pesos al fortalecimiento académico y a la mejora de la infraestructura escolar, beneficiando directamente a más de 36.000 estudiantes y de forma indirecta a docentes y familias.
“Nuestra apuesta es que el aprendizaje sea una herramienta real de movilidad social y que el crecimiento empresarial se traduzca en mejores oportunidades para las comunidades”, señaló Cristina Botero, gerente de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad de Falabella.
Resultados que marcan la diferencia
Los impactos del programa son concretos y medibles:
- Incremento de 9 puntos en el promedio de las pruebas de Estado en las instituciones intervenidas desde 2020, ubicándolas por encima del promedio nacional.
- El 64 % de los estudiantes presenta mejoras significativas en habilidades de lectoescritura creativa, clave para la permanencia en la educación superior.
- Eliminación del hacinamiento y adecuación de espacios dignos para el aprendizaje.
Además, en 2025 más de 1.000 colaboradores de la compañía aportaron 4.730 horas de voluntariado enfocadas en acompañamiento socioemocional y adecuación de espacios educativos.
Este modelo demuestra que el apoyo continuo desde la escuela pública es fundamental para transformar las cifras de deserción, mejorar las tasas de graduación y ampliar las oportunidades de empleabilidad futura en Colombia.
